Pues llegó el momento señoras y señores, que tanto temía: El defoliado de este precioso ejemplar de Ficus retusa. Algo que puede herir la sensibilidad de todas aquellas personas que creen que las plantas sienten dolor y que hay que hablarles con cariño y ponerles música de Mozart y bla bla bla bla... porque lo advierto desde ahora mismo, es puro gore.
El proceso ha durado algo menos de una hora, gracias a la ayuda de mi marido, que me ha echado una mano cortando hojas y haciendo las fotos que ilustran esta entrada.
Ya lo he comentado en otras entradas, pero lo vuelvo a recordar en esta. El objetivo que se persigue con esta técnica es doble, por un lado se obtienen brotes en la parte trasera de las ramas y por otro se consigue una reducción del tamaño de las hojas. Todo esto hace que el árbol quede más proporcionado y armonioso. Al menos eso cuentan en las guias.
También cuentan las guias que el defoliado se puede hacer de dos formas, directamente con las manos, pero no lo aconsejan, y con unas tijeras de pinzado o mejor aún con unas pinzas defoliadoras, que por cierto valen un pastón y se llaman hakiri en cualquier caso yo lo he hecho con unas tijeras de pinzado o makiri basami que están incluídas en el estuche de herramientas que me regalaron junto al bonsai.
Cuando se hace un defoliado, para conseguir los objetivos que se persiguen es necesario hacer un pinzado de todos los extremos, es decir allí donde haya una yema cortaremos la punta para eliminarla.
¿Por qué eliminar las yemas de los extremos de las ramas? Pues es sencillo, si no lo hacemos así, el árbol responderá a esta agresión de forma distinta a la que se quiere conseguir. Pretendemos que el árbol brote en las partes traseras de las ramas y si no pinzamos las yemas de las puntas, el crecimiento se disparará precisamente en esas yemas y no conseguiremos nuestro objetivo
Además todas estas ramas que han crecido demasiado, de forma exagerada, las acortaremos y cuando hagamos la poda de formación decidiremos si las eliminamos totalmente.
Y este es el aspecto final del árbol, ahora hay que emplazarlo en un lugar soleado para estimular la aparición de nuevos brotes y para conseguir que las hojas nuevas sean lo más pequeñas posible. La verdad es que no queda feo, si te imaginas que Ficus retusa es un árbol caducifolio, este sería el aspecto que podría tener en invierno. El próximo paso será la poda de formación.
Y este es el montón de hojas que tenía el árbol, que cuando estaban en sus ramas no parecía que fueran tantas, ¿habrá unas 1000 hojas? Si fuera una manifestación sin sentido convocada por el PP, éstos dirían que hay más de 3000.
Nota Importante: Se me olvidó comentar, que puesto que ahora el árbol no tiene hojas el riego debe ser mucho menos frecuente, ya que apenas habrá transpiración y por tanto la tierra de la maceta tardará más en secarse. No es conveniente un exceso de agua en las raíces.